3 momentos en la historia del fluorescente

El fenómeno de la fluorescencia se conoce desde cientos de años atrás, cuando se observaba en algunos minerales y  substancias. Aunque no tuviera una explicación científica, la fluorescencia ya generaba la atención de muchos estudiosos.

Así, no es de extrañar que en plena era de la revolución científica, el siglo XVII, este campo fuera objeto de estudio. Esa época fue el punto de partida hasta un fenómeno que se aplica en el día de hoy en prácticamente todos los hogares, convirtiéndose en uno de los sistemas de iluminación más importantes.

¿Cómo se ha llegado a las actuales lámparas de bajo consumo desde este fenómeno? En este artículo nos centraremos en las 3 claves que nos han llevado al uso cotidiano de la lámpara fluorescente.
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El fenómeno de la fluorescencia se conoce desde cientos de años atrás, cuando se observaba en algunos minerales y  substancias. Aunque no tuviera una explicación científica, la fluorescencia ya generaba la atención de muchos estudiosos.

Así, no es de extrañar que en plena era de la revolución científica, el siglo XVII, este campo fuera objeto de estudio. Esa época fue el punto de partida hasta un fenómeno que se aplica en el día de hoy en prácticamente todos los hogares, convirtiéndose en uno de los sistemas de iluminación más importantes.

¿Cómo se ha llegado a las actuales lámparas de bajo consumo desde este fenómeno? En este artículo nos centraremos en las 3 claves que nos han llevado al uso cotidiano de la lámpara fluorescente.

El tubo de Geissler

Los primeros avances en el estudio de la fluorescencia fue el descubrimiento de que agitando ciertos tipos de sustancias se lograba producir luz. Así, en 1675 Jean Picard logró obtener luz a partir del mercurio.

Ya en 1856, un soplador de vidrio e inventor alemán llamado Heinrich Geissler fabricó un tubo de vidrio cerrado. A dicho tubo le extrajo el aire y lo rellenó con un gas noble a baja presión. Cuando le hizo pasar una corriente eléctrica, descubrió que dicho tubo era capaz de emitir luz. Heinrich Geissler fabricó la primera lámpara de descarga de la historia: el tubo Geissler.

Estos tubos con más de cien modelos y su funcionamiento pueden verse en el Museo Nacional de Ciencia y Tecnología en La Coruña.

Los tubos de Geissler fueron aplicados en distintas actividades, como por ejemplo la señalización marítima. Dependiendo del gas y del vidrio con que se fabricaban, se podían obtener luces de distintos colores, lo que los convertía en unos dispositivos muy versátiles.

Heinrich Geissler fabricó la primera lámpara fluorescente de la historia

Por ejemplo, cuando se utilizaba el mercurio en estado gaseoso se obtenía luz de color azul, con el helio la luz era amarilla y con el neón, roja.

Durante años después los tubos Geissler se siguieron aplicando en los estudios físicos con el objetivo de mejorarlos. El problema principal del tubo Geissler, como el de la bombilla incandescente original, era su vida útil: tanto los gases del interior de la lámpara como los electrodos utilizados para el transporte de corriente eléctrica tenían una durabilidad muy limitada.

Aún así, los tubos continuaban siendo muy enriquecedores para la ciencia. En 1890 Nikola Tesla utilizaba los tubos Geissler para producir efectos luminosos bombardeando distintos gases con corriente alterna de alta tensión, con lo que intentaba obtener luz sin producir calor.

La comercialización de la lámpara fluorescente

La primera evolución relevante del tubo Geissler fue la de Daniel McFarlan Moore, en 1904. McFarlan Moore  inventó un tubo de vidrio que se podía vaciar y rellenar continuamente con gases nuevos. Con esta solución, se conseguiría la primera aplicación de la lámpara de descarga en el terreno comercial. Las lámparas Moore fueron instaladas por primera vez en un rótulo luminoso de publicidad en Newark, EE.UU., con el objetivo de atraer a la gente con sus llamativos colores.

Sin embargo, la lámpara Moore no obtuvo mucho éxito por la complejidad de su instalación, reparación y mantenimiento.

Posteriormente, multitud de científicos siguieron investigando sobre el uso de los gases para la iluminación, tratando de encontrar aquel gas con mejores características para obtener luz blanca, que es la más similar a la del Sol.

En 1927 Friedrich Meyer, Hans Spanner y Edmund Germer patentaron la lámpara fluorescente. Descubrieron que incrementando la presión del mercurio dentro del tubo y mediante una substancia fluorescente que captaba las radiaciones ultravioletas, la luz era más blanca y uniforme.

Siguiendo ese principio de funcionamiento, los tubos fluorescentes tal y como los conocemos hoy se introdujeron en el mercado en 1938 y fueron rápidamente aceptados, por lo que marcaron el inicio de una nueva etapa en el campo de la iluminación artificial.

La conquista de la iluminación en el hogar: la CFL

Dos de los pocos inconvenientes que les encontramos al tubo fluorescente son:

  • La incomodidad en la instalación en casa, derivada de su forma alargada.
  • La lentitud en el encendido del mismo.

Sin embargo, a lo largo de los años estas desventajas fueron solventadas poco a poco por diferentes empresas, desarrollando la lámpara de bajo consumo.

lámpara fluorescente compactaTodo empezaría en 1976, cuando el el ingeniero Edward Hammer, trabajador de General Electric, desarrolló la lámpara Fluorescente Compacta (CFL). La innovación provino de reducir el diámetro del tubo y enrollarlo en forma de espiral, con la idea de reducir el espacio que ocupaba. De esa manera, Hammer obtuvo una lámpara fluorescente con una medida similar a la de la lámpara incandescente actual.

Utilizando esa tecnología, la empresa Philips presentó un modelo de lámpara fluorescente compacta que utilizaba el mismo mecanismo de rosca que una lámpara incandescente, haciendo mucho más cómodo su uso y la sustitución de las ineficientes bombillas incandescentes.

Finalmente, Osram en 1985 introdujo un cambio en el encendido de la lámpara fluorescente compacta. Gracias a la sustitución del elemento que provocaba el encendido del tubo fluorescente, el balastro de reactancia inductiva, por un balastro electrónico, permitiendo que el encendido de la lámpara sea instantáneo y sin parpadeos, ofreciendo así un mayor rendimiento energético.

Sin embargo, en aquel momento todas estas innovaciones no fueron suficiente motivo para la producción en masa de la denominada lámpara de bajo consumo. La necesidad de construir nuevas fábricas para ello hizo que su comercialización no empezara hasta el año 1995, cuando se comenzaría a fabricar en China.

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