La Revolución Industrial (I). Inventos y descubrimientos.

Comenzamos aquí una serie de tres artículos en relación a la Revolución Industrial. El primero de ellos, aquí expuesto, explica dónde, cómo y por qué surge este proceso de cambio. También se analizan los inventos y descubrimientos más importantes que hicieron posible el despegue industrial, centrados en el sector textil y metalúrgico, desde mitad del siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX. Sin ellos, esta parte de la Historia no estaría escrita.

En el segundo artículo tratamos principalmente la Segunda Revolución Industrial, donde tienen absoluta relevancia las comunicaciones. Comenzando algo antes, a comienzos del siglo XIX, veremos esos primeros inventos que alertaban de un cambio espectacular en los transportes. Gracias a ello, en las décadas siguientes y con la aplicación de la electricidad, se hicieron factibles nuevos descubrimientos que mejoraron las comunicaciones y con ello la calidad de vida de la población.

El tercero y último expone las repercusiones que la Revolución Industrial tuvo. Se analizarán las consecuencias positivas y negativas y cómo fue la población la más afectada en todo este proceso de cambio. Así pues, tras esta breve presentación de los artículos que vamos a abordar sobre la Revolución Industrial, comenzamos.

Máquina de vapor de James Watt

Máquina de vapor de James Watt

Innovación tecnológica: el detonante del cambio

Se conoce como Revolución Industrial al conjunto de transformaciones tecnológicas, científicas, socioeconómicas y culturales iniciadas en Inglaterra en la segunda mitad del siglo XVIII, llegando hasta comienzos del siglo XX, momento en el que todo se truncó con el inicio de la Primera Guerra Mundial, en 1914.

Todo se debe a una serie de cambios en el proceso de producción de bienes. Los talleres artesanales perdieron su efectividad con la llegada de nuevas tecnologías y nuevas máquinas. La producción industrial se desempeñaba en las incipientes fábricas, compitiendo con la artesanal, llevándola a la ruina. Se crearon las condiciones idóneas para la producción y el consumo en masa, dando origen al proletariado urbano, aquellos obreros que trabajaban en las industrias. Los cambios tecnológicos comenzados en la Primera Revolución Industrial se reflejaron a lo largo de todo el siglo XIX. Se favorece el desarrollo urbano, aumenta la calidad de vida, se incrementó la producción y la productividad, lo que conllevó a la mejora de las comunicaciones y el transporte por lo que se podía dar una actividad comercial más intensa y rápida. Lo iremos desgranando poco a poco en cada uno de los artículos.

Pero, ¿cómo se gestó esta gran transformación? ¿Qué descubrimientos cambiaron el devenir de la humanidad? ¿Qué sectores de producción están íntimamente conectados con esta primera parte de la Revolución Industrial?

Todo comienza con la máquina de vapor

Fue la máquina de vapor la que ayudó al despegue industrial. Hasta su invención, solo existían dos máquinas como fuentes de energía en Europa –la rueda hidráulica y el molino de viento-. Las máquinas textiles requerían mucha energía, por eso, las primeras fábricas se establecieron en las orillas de los ríos para aprovechar la fuerza del agua. Fueron varias las ideas estudiadas para conseguir un motor capaz de elevar el agua, mediante el vacío producido por la condensación del vapor. No fue fácil llegar a la máquina de vapor.

Ya que el agua goza de la propiedad de que una pequeña cantidad de ella transformada en vapor, por medio del calor, tiene una fuerza elástica similar al del aire, y que a través del frío se transforma de nuevo en agua (…), llegué a la conclusión de que es posible construir máquinas que en su interior, por medio de un calor no muy intenso, se puede producir un vacío perfecto (…)”. Denis Papin, 1690.

Teorías como la de Papin fueron perfeccionadas por Newcomen. Pero fue James Watt, el que en 1769 obtiene la patente de la máquina de vapor. Construyó un nuevo motor que adaptaba un condensador independiente, separado del pistón, para enfriar el vapor de agua, dando una mayor eficiencia al motor que llegó a producir más de 1000 caballos de fuerza. Logró separar las dos etapas del proceso –vaporización y condensación– de modo que no hubiera pérdida de energía. Puso fin al despilfarro de carbón con un descubrimiento que se ha convertido en el origen del cambio.

El alma de la Revolución

La aplicación de la máquina de vapor a la industria textil y metalúrgica dio un gran impulso al desarrollo industrial. Sin el avance en estos dos sectores nada hubiera sido posible. ¿Qué inventos participaron en la industria textil? ¿Qué fue primordial para la metalurgia?

Comenzando con la industria textil, a finales del siglo XVIII, John Kay inventó la lanzadera volante, que trabajaba con más cables de hilados, posibilitando aumentar el ancho de los tejidos y la velocidad de fabricación. James Hargreaves -de profesión hilador- inventó la máquina de hilar Spinning-Jenny, que reproducía mecánicamente los movimientos del hilador cuando utiliza una rueca y, además, al mismo tiempo podía trabajar con varios husos. La productividad recibió un nuevo impulso debido a las limitadas exigencias de la Jenny en espacio y energía. Samuel Crompton había construido una máquina nueva, inspirada en las anteriores, conocida como Spinning-Mule, la mula, un telar que producía un hilo fino y resistente. Los telares mecánicos, desarrollados en Francia por Jacquard a comienzos del siglo XIX, sustituían a los manuales ganando en rapidez y calidad, con el consecuente aumento de la producción.

En el sector metalúrgico, la máquina de vapor también contribuyó al trabajo en las minas ya que consiguió resolver el problema de drenaje, achicando agua de las minas inundadas y, junto con la lámpara de seguridad de Davy de 1815, se pudo abrir pozos cada vez más profundos y explotar aquellos que habían sido abandonados por dificultades y posibles riesgos.

Por otra parte, la abundancia de carbón mineral en Inglaterra posibilitó sustituir las máquinas hechas de madera por las de hierro, convirtiéndose en el material de construcción por excelencia del siglo XIX. Como claro ejemplo, tenemos las construcciones para las Exposiciones Universales desde mitad del siglo XIX, destacando por sus magníficos pabellones y, en especial, la de París de 1887 conocida por la Torre Eiffel.

Crystal Palace para la Exposición Universal de Londres. Joseph Paxton, 1851

Crystal Palace para la Exposición Universal de Londres. Joseph Paxton, 1851

No obstante, la demanda de hierro estaba limitada por la dificultad de transformar el mineral pero Henry Bessemer en 1856, en el horno Siemens-Martin, creó un método innovador de transformación del hierro en acero. Por su resistencia y por su bajo coste de producción, el acero logró sustituir al hierro. Se trataba del convertidor Bessemer.

Así pues, desde mediados del siglo XVIII, se fue gestando una Revolución con mayúsculas, un proceso desconocido hasta entonces que fue generando unas transformaciones y consecuencias que iban a marcar el ritmo de la Historia de los siglos venideros. Grandes cambios en las comunicaciones abordamos en el siguiente artículo: La Revolución Industrial: parte 2.

Comenzamos aquí una serie de tres artículos en relación a la Revolución Industrial. El primero de ellos, aquí expuesto, explica dónde, cómo y por qué surge este proceso de cambio. También se analizan los inventos y descubrimientos más importantes que hicieron posible el despegue industrial, centrados en el sector textil y metalúrgico, desde mitad del siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX. Sin ellos, esta parte de la Historia no estaría escrita.

En el segundo artículo tratamos principalmente la Segunda Revolución Industrial, donde tienen absoluta relevancia las comunicaciones. Comenzando algo antes, a comienzos del siglo XIX, veremos esos primeros inventos que alertaban de un cambio espectacular en los transportes. Gracias a ello, en las décadas siguientes y con la aplicación de la electricidad, se hicieron factibles nuevos descubrimientos que mejoraron las comunicaciones y con ello la calidad de vida de la población.

El tercero y último expone las repercusiones que la Revolución Industrial tuvo. Se analizarán las consecuencias positivas y negativas y cómo fue la población la más afectada en todo este proceso de cambio. Así pues, tras esta breve presentación de los artículos que vamos a abordar sobre la Revolución Industrial, comenzamos.

Máquina de vapor de James Watt

Máquina de vapor de James Watt

Innovación tecnológica: el detonante del cambio

Se conoce como Revolución Industrial al conjunto de transformaciones tecnológicas, científicas, socioeconómicas y culturales iniciadas en Inglaterra en la segunda mitad del siglo XVIII, llegando hasta comienzos del siglo XX, momento en el que todo se truncó con el inicio de la Primera Guerra Mundial, en 1914.

Todo se debe a una serie de cambios en el proceso de producción de bienes. Los talleres artesanales perdieron su efectividad con la llegada de nuevas tecnologías y nuevas máquinas. La producción industrial se desempeñaba en las incipientes fábricas, compitiendo con la artesanal, llevándola a la ruina. Se crearon las condiciones idóneas para la producción y el consumo en masa, dando origen al proletariado urbano, aquellos obreros que trabajaban en las industrias. Los cambios tecnológicos comenzados en la Primera Revolución Industrial se reflejaron a lo largo de todo el siglo XIX. Se favorece el desarrollo urbano, aumenta la calidad de vida, se incrementó la producción y la productividad, lo que conllevó a la mejora de las comunicaciones y el transporte por lo que se podía dar una actividad comercial más intensa y rápida. Lo iremos desgranando poco a poco en cada uno de los artículos.

Pero, ¿cómo se gestó esta gran transformación? ¿Qué descubrimientos cambiaron el devenir de la humanidad? ¿Qué sectores de producción están íntimamente conectados con esta primera parte de la Revolución Industrial?

Todo comienza con la máquina de vapor

Fue la máquina de vapor la que ayudó al despegue industrial. Hasta su invención, solo existían dos máquinas como fuentes de energía en Europa –la rueda hidráulica y el molino de viento-. Las máquinas textiles requerían mucha energía, por eso, las primeras fábricas se establecieron en las orillas de los ríos para aprovechar la fuerza del agua. Fueron varias las ideas estudiadas para conseguir un motor capaz de elevar el agua, mediante el vacío producido por la condensación del vapor. No fue fácil llegar a la máquina de vapor.

Ya que el agua goza de la propiedad de que una pequeña cantidad de ella transformada en vapor, por medio del calor, tiene una fuerza elástica similar al del aire, y que a través del frío se transforma de nuevo en agua (…), llegué a la conclusión de que es posible construir máquinas que en su interior, por medio de un calor no muy intenso, se puede producir un vacío perfecto (…)”. Denis Papin, 1690.

Teorías como la de Papin fueron perfeccionadas por Newcomen. Pero fue James Watt, el que en 1769 obtiene la patente de la máquina de vapor. Construyó un nuevo motor que adaptaba un condensador independiente, separado del pistón, para enfriar el vapor de agua, dando una mayor eficiencia al motor que llegó a producir más de 1000 caballos de fuerza. Logró separar las dos etapas del proceso –vaporización y condensación– de modo que no hubiera pérdida de energía. Puso fin al despilfarro de carbón con un descubrimiento que se ha convertido en el origen del cambio.

El alma de la Revolución

La aplicación de la máquina de vapor a la industria textil y metalúrgica dio un gran impulso al desarrollo industrial. Sin el avance en estos dos sectores nada hubiera sido posible. ¿Qué inventos participaron en la industria textil? ¿Qué fue primordial para la metalurgia?

Comenzando con la industria textil, a finales del siglo XVIII, John Kay inventó la lanzadera volante, que trabajaba con más cables de hilados, posibilitando aumentar el ancho de los tejidos y la velocidad de fabricación. James Hargreaves -de profesión hilador- inventó la máquina de hilar Spinning-Jenny, que reproducía mecánicamente los movimientos del hilador cuando utiliza una rueca y, además, al mismo tiempo podía trabajar con varios husos. La productividad recibió un nuevo impulso debido a las limitadas exigencias de la Jenny en espacio y energía. Samuel Crompton había construido una máquina nueva, inspirada en las anteriores, conocida como Spinning-Mule, la mula, un telar que producía un hilo fino y resistente. Los telares mecánicos, desarrollados en Francia por Jacquard a comienzos del siglo XIX, sustituían a los manuales ganando en rapidez y calidad, con el consecuente aumento de la producción.

En el sector metalúrgico, la máquina de vapor también contribuyó al trabajo en las minas ya que consiguió resolver el problema de drenaje, achicando agua de las minas inundadas y, junto con la lámpara de seguridad de Davy de 1815, se pudo abrir pozos cada vez más profundos y explotar aquellos que habían sido abandonados por dificultades y posibles riesgos.

Por otra parte, la abundancia de carbón mineral en Inglaterra posibilitó sustituir las máquinas hechas de madera por las de hierro, convirtiéndose en el material de construcción por excelencia del siglo XIX. Como claro ejemplo, tenemos las construcciones para las Exposiciones Universales desde mitad del siglo XIX, destacando por sus magníficos pabellones y, en especial, la de París de 1887 conocida por la Torre Eiffel.

Crystal Palace para la Exposición Universal de Londres. Joseph Paxton, 1851

Crystal Palace para la Exposición Universal de Londres. Joseph Paxton, 1851

No obstante, la demanda de hierro estaba limitada por la dificultad de transformar el mineral pero Henry Bessemer en 1856, en el horno Siemens-Martin, creó un método innovador de transformación del hierro en acero. Por su resistencia y por su bajo coste de producción, el acero logró sustituir al hierro. Se trataba del convertidor Bessemer.

Así pues, desde mediados del siglo XVIII, se fue gestando una Revolución con mayúsculas, un proceso desconocido hasta entonces que fue generando unas transformaciones y consecuencias que iban a marcar el ritmo de la Historia de los siglos venideros. Grandes cambios en las comunicaciones abordamos en el siguiente artículo: La Revolución Industrial: parte 2.

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